Jugar en el calderon, (en as)
Antes, el Atlético jugaba en el Calderón como el niño que afronta uno de los momentos más tensos de su infancia: enseñarle las notas a su padre. Y es que el cuadro rojiblanco estaba acostumbrado a presentarse ante su afición con la losa de haber 'cateado' unas cuantas asignaturas en las últimas temporadas, así que cada partido se convertía en un trago al que te pasas toda la semana dándole vueltas. Que cómo le miro a la cara. Que cómo se lo cuento esta vez. De camino al estadio, como a tu casa, ya vas predispuesto a salir corriendo. Y claro, esa ansiedad se refleja en el juego del equipo. Porque tú te quieres quitar el marrón de encima: "Hola papá, me han quedao cuatro pero no veas al resto de la clase lo mal que le ha ido. Adiós, he quedao".Y sales despavorido de allí. Eres tan impreciso en tus palabras como en el pase. Estás tan nervioso que descoordinas los movimientos, rompes a sudar antes de tiempo y luego te desinflas. No tienes capacidad de reacción. Juegas con miedo. Y en lo que no reparas, es en que tu padre... tu afición (sobre todo ésta), por malas que sean tus notas y grande que sea la bronca, nunca te ha dado ni te dará la espalda. No te va a abandonar. Y ese problema de mentalidad es una de las prioridades que Aguirre va domando de este niño rojiblanco apurado en el césped casero. La infección volvió a aparecer durante unos minutos ante el Villarreal pero la dosis del Vasco calmó la fiebre de los suyos. La pastilla Torres-Agüero parece la más recomendable.

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